¿Y si el miedo que sientes es más grande que el peligro real? El enemigo no siempre ataca con problemas reales. Muchas veces solo necesita asustarte para paralizarte. El Salmo 91 tiene una promesa que cambia todo: no tienes que vivir gobernado por el temor. El miedo seguirá llamando a la puerta, pero tú decides si le abres o no.